Presencia
Estar es nuestro principal aporte. Escuchar, mirar, preguntar el nombre. La presencia constante construye un vínculo que, con el tiempo, se vuelve cuidado.
Desde 2009, Domingos de Rayuela acompaña a niñas y adolescentes en hogares, generando espacios de encuentro, contención y alegría a través de actividades recreativas, educativas y culturales.
Somos un voluntariado independiente, autogestionado y sin vinculación partidaria, integrado por jóvenes estudiantes, profesionales y trabajadores de distintas áreas. Actualmente nos encontramos en proceso de concretar nuestra personería jurídica. Nuestras actividades se sostienen con recursos propios y con el apoyo solidario de personas que colaboran con la causa.
A lo largo de estos años, desarrollamos nuestra tarea principalmente en un hogar de niñas, compartiendo domingos de juego, meriendas, cumpleaños, celebraciones y propuestas pensadas para acompañar desde la cercanía y el compromiso.
Recientemente, comenzamos también a realizar voluntariado en otro hogar de adolescentes, ampliando nuestro trabajo y reafirmando nuestro compromiso con las infancias y adolescencias que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
En cada encuentro buscamos promover la amistad, la solidaridad, el compañerismo y el respeto por los vínculos, construyendo momentos cotidianos que puedan dejar una huella positiva en sus vidas.
No hace falta hacer cosas grandes para cambiar un domingo. Estos son los tres acuerdos invisibles que nos guían cada semana.
Estar es nuestro principal aporte. Escuchar, mirar, preguntar el nombre. La presencia constante construye un vínculo que, con el tiempo, se vuelve cuidado.
Jugar es serio. Es donde aparecen la risa, la confianza y los recuerdos que después quedan. Por eso pensamos cada domingo desde ahí: el juego primero.
No vamos un domingo: vamos todos los domingos. Esa continuidad es lo que sostiene el lazo, y es también el compromiso que nos pedimos entre nosotras.
Somos personas con profesiones, historias y agendas distintas, eligiendo el mismo domingo. Ellas y ellos son parte del equipo que hace posible cada encuentro.
Algunas personas ya no participan todos los domingos, pero siguen siendo parte de la historia que construimos.
“Aprendí que acompañar también es escuchar, esperar y estar disponible. Cada domingo me dejó una forma más amorosa de mirar.”
“Domingos de Rayuela me enseñó que los vínculos se construyen con constancia. Lo simple, cuando se sostiene, deja huella.”
“Me llevo las meriendas, las risas y la certeza de que estar presentes puede cambiar por completo un día.”
“Aunque hoy acompañe desde otro lugar, sigo sintiendo que cada juego compartido fue una manera concreta de cuidar.”